Una forma de amar que permanece contigo, siempre.
Antes de tener voz, ya entendíamos el lenguaje de sus manos. Antes de saber quiénes éramos, alguien ya nos miraba como si fuéramos todo.
Una presencia incondicional, que aprendiste a reconocer sin palabras.
Tan cerca, que nunca hizo falta buscarla.
Un vínculo que, con el tiempo, se vuelve más profundo.
Incondicional, eterno y constante.
Hay formas de amar que no se explican. Se transmiten en lo cotidiano, en los gestos más simples, en todo aquello que llevas contigo. Crecemos, y aun así, algo de ese amor permanece. Se refleja en la forma en la que miramos, en lo que reconocemos como propio, en todo aquello que llevamos con nosotros. Celebramos lo que permanece, lo que pasa de una generación a otra sin perder su esencia.
Hoy honramos ese legado: entregarse desde el amor y trascender en la memoria. Porque el vínculo no termina. Permanece, se transforma y encuentra nuevas formas de estar. Lo llevamos con nosotros: en lo que somos, en lo que recordamos, en todo lo que nos define.
Porque el vínculo es infinito.
Eres, y siempre serás, mi única musa.